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Jesús Funda la Iglesia
La Iglesia de Jesús
Respuestas a las Críticas
Que espera Jesús de los Católicos
Pasajes que debemos memorizar

Respuestas a las Criticas contra la Iglesia Católica

Introducción

La Iglesia católica es idolatra

Los católicos adoran a María

La confesión con un sacerdote es un invento de hombres

No es de Dios que los sacerdotes NO se casen

En la misa matan a Jesús y lo ofrecen como sacrificio

El Pan de la comunidad no es el cuerpo de Cristo

El rezarle a los Santos es idolatría

Los Católicos repiten palabras cuando orar

 

Introducción

Con cierta frecuencia se escuchan personas, las que dicen ser "cristianas", hablar en forma despectiva de la iglesia que fundo Jesús; se les oye decir que la "Iglesia de Roma" es idólatra. Que es la prostituta, la babilonia espiritual; sistema implantado por el Papa, obispos y sacerdotes, agentes de Satanás, según ellos, para perder a los incautos.

Para comenzar, el llamar a la Iglesia Católica "la Iglesia de Roma" es un grave error que denota una terrible ignorancia, ya que la iglesia no es de Roma, sino que es de Jesucristo.

Después de Pentecostés, los discípulos de Jesús y los nuevos conversos van al mundo a predicar el evangelio, lo que trae como resultado que en partes de Europa y Asia diferentes comunidades cristianas sean establecidas, pero todas unidas, bajo la dirección de los apóstoles y de Pedro, a quien Jesús dejará como cabeza de ellos. (Mateo 16, 18)

El propósito de los discípulos de Jesús, en el principio de la cristiandad, no era el de fundar diferentes iglesias, divididas entre si, sino el de establecer comunidades cristianas en diferentes partes del mundo conocido, pero todas las comunidades formaban parte de un solo cuerpo: la Iglesia de Jesucristo; la Iglesia Católica.

Es el gran apóstol Pablo el que establece una comunida cristiana en Roma. De ahí que una de las cartas que aparecen en el Nuevo Testamento (en la Biblia) es la carta de San Pablo a los Romanos.

Segun la historia, el apóstol Pedro se establece en Roma, desde donde va a pastorear la Iglesia de Jesucristo, la cual, desde el año 60 de nuestra era,

se le conoce también como la Iglesia Católica.

Que quede bien claro, pues, que el término: "prostituta o Babilonia" es usado en el libro del Apocalipsis para hacer referencia al Imperio Romano y jamás a la Iglesia.

Los que critican siembran duda y confusión en los creyentes. Critican la devoción a la Virgen María, critican la devoción a los santos, critican la oración repetitiva, critican también la confesión de los pecados a un sacerdote y también critican la Sagrada Eucaristía.

Aquí tenemos que hacer un alto en este recorrido y llegar a una conclusión: o ellos están correctos y la Iglesia Católica es un lobo disfrazado de cordero o la Iglesia Católica está correcta y ellos, los que critican, están totalmente incorrectos.

Si ellos están equivocados, son unos instrumentos muy útiles en las manos del Príncipe de la Mentira que es Satanás. Y que, a toda costa, quiere destruir la obra de Jesucristo.

Pero, si ellos están en lo cierto, y lo que dicen de la Iglesia es cierto, entonces, lastimosamente tenemos que concluir que Jesucristo es el mentiroso más grande que ha conocido el mundo, ya que es el mismo Jesús quien, no solo dijo: "Sobre esta piedra edificaré mi iglesia", sino que aseguró, que a pesar de las altas y bajas de la iglesia, "los poderes del infierno no prevalecerán contra ella." (Mateo 16, 18-19)

Si la Iglesia Católica (Iglesia Romana, como ellos la llaman) ha fracasado y se ha dejado prostituir, como ellos aseguran, entonces Jesucristo también ha fracasado y , por lo tanto, tendríamos que llegar a la conclusión de que Jesús no es Dios, sino que un gran impostor.

Nosotros, los que profesamos nuestra fe en Jesús y somos parte de la única iglesia que Jesús fundó: la Iglesia Católica, damos fe y testimonio de que Jesús es verdaderamente Dios y no un impostor y que la iglesia que Jesús fundó es la única y la verdadera, porque así lo dice su palabra y por lo tanto, ni ha fracasado ni fracasará jamás porque es obra del mismo Dios.

Sentimos mucho que personas que se llamen a si mismas "cristianas" estén sembrando el odio en vez del amor. La división en vez de la paz.

A estas personas que les gusta criticar, les recordamos lo que dice Dios:

"Pues sus proyectos no son los míos y mis caminos no son los de ustedes, dice Yahvé. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos, y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes." (Isaías 55, 8-9)

El pensar de Dios es muy diferente a la forma de pensar ignorante y desviada de aquellos que critican a la iglesia fundada por Jesús, con la premeditada intención de destruir lo que por su confusión bíblica y teológica, están en desacuerdo.

A continuación, veamos cuales son algunas de las críticas con las que constantemente estos hermanos ignorantes están tratando de echar abajo la barca de Pedro. Recuerden, ellos podran ser parte de la tempestad, pero la barca de Pedro, la Iglesia, no se hundirá, porque en ella va Jesucristo. (Lucas 8, 22-25)

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La Iglesia católica es idolatra

¿Es esto cierto o no? ¡Por supuesto que no! La Iglesia Católica profesa creer en "un sólo Dios verdadero, creador de cielo y tierra, de todo lo visible e invisible." (Así leemos en el credo de la iglesia).

Los que acusan a la Iglesia de ser idólatra dicen que Dios mismo prohibió a Moisés y al pueblo que se hicieran imágenes. Prohibió también, dicen, que nadie se postrara ante esas imágenes y les rindieran culto. San Pablo nos advierte sobre los peligros de la ignorancia de las sagradas escrituras y nos exhorta a dejar ya de ser como niños "a los que mueve cualquier oleaje o cualquier viento de doctrina, y a quienes los hombres astutos pueden engañar para arrastrarlos al error." (Efesios 4, 14)

Es de suma importancia, por lo tanto, que conozcamos la fe. Que estudiemos la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia bajo la tutela de una persona que tenga las apropiadas credenciales en la Iglesia Católica, la Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo; de otra forma cualquier oleaje o cualquier viento de doctrina nos puede engañar y arrastrarnos al error.

En el libro del Éxodo, capítulo 20, versículos uno al cinco, la palabra de Dios, la Biblia dice así: "Entonces Dios dijo todas estas palabras: yo soy Yahvé tu Dios, el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud. No tengas otros dioses fuera de mí. No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni le des culto, porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso."

Al leer este pasaje bíblico, si la persona no tiene mucho conocimiento sobre las sagradas escrituras, puede inmediatamente llegar a la conclusión de que Dios esta en contra, total y completamente, de que se haga estatua alguna, no importa la razón que sea.

Esta conclusión, sin embargo, esta totalmente errada. ¿Por qué? Porque lo que Dios no quiere que se haga es imagen o estatua de dioses falsos. Los dioses falsos son los dioses que toman el lugar del único y verdadero Dios. Toda estatua o imagen que tome el lugar de Dios es un ídolo. La palabra ídolo significa precisamente eso: dios falso.

En los tiempos del Éxodo, el pueblo de Israel creía en el único y verdadero Dios, pero también creían en los dioses falsos de su época. Era la costumbre entre las tribus del mundo conocido, el hacer estatuas de sus dioses para adorarlos.

Dios le dice a Moisés y al pueblo que el hacer estatuas está mal hecho. ¿Por qué dice eso Dios? Porque las estatuas que hacía la gente representaban dioses falsos. Las estatuas de dioses falsos se les conoce con el nombre de: "ídolos". Dios, a través de Moisés, deja saber al pueblo que no quiere que adoren esos dioses que no existen, ni que hagan imágenes de ellos, ni que se postren ante ellos, porque al fin y al cabo, solo hay un Dios verdadero, y ese es él.

Dios no está en contra de imágenes que lo representen a él o que, en alguna forma representen su presencia en medio de su pueblo. Tanto así que en el capítulo 25 del mismo libro del Éxodo, versículos 16 al 18, Dios le da a Moisés instrucciones para que haga dos imágenes de oro puro y las coloque una, a cada lado, del arca de la alianza. Dice la palabra de Dios: "En el arca pondrás el testamento que yo te daré. Le harás una cubierta, el Lugar del Perdón, de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho."

"Asimismo, harás dos querubines (dos estatuas) de oro macizo, labrados a martillo, y los pondrás en las extremidades del Lugar del Perdón. Uno a cada lado." (Éxodo 25, 16-18)

Para que estemos más seguros todavía de que Dios no está en contra de que hagamos imágenes o estatuas que lo representen a él, abramos nuestras bíblicas al Libro de Números, capítulo 21, versículos ocho y nueve. La Palabra de Dios, la Biblia, nos dice que el pueblo comenzó a desconfiar de

Dios, hasta llegaron a pensar que mejor hubieran estado sin Dios en Egipto. Este pecado es el más antiguo y se conoce con el nombre de "soberbia". Ellos pensaban que sabían mejor que Dios lo que era mejor para ellos.

Alguien dijo que no hay nada nuevo bajo el sol. ¡Cuánta razón! Ese pecado sigue encontrando muchos adeptos hoy día en nuestra sociedad.

La consecuencia de todo pecado es siempre la misma: la muerte. No porque Dios quiera castigarnos con la muerte, pero la muerte es siempre la consecuencia de nuestra desobediencia a Dios que siempre quiere lo mejor para sus hijos porque nos ama con el más puro e infinito amor.

Nos dice la Palabra de Dios, la Biblia, que a consecuencia de su pecado, los Israelitas fueron mordidos por serpientes, llamadas "ardientes". El pueblo fue donde Moisés y le dijo: "Hemos pecado, hablando contra Yahvé y contra tí. Intercede ante Yahvé para que aleje de nosotros las serpientes". Moisés habló por el pueblo y Yahvé le respondió: "Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire sanará." Moisés así lo hizo. Si alguno era mordido miraba a la serpiente de bronce y no moría." (Números 21, 4-9)

De nuevo, Dios manda a Moisés a hacer una imagen, una estatua. Esta vez, una serpiente de bronce, la cual Moisés debe colgar sobre un palo. ¿Para qué? Para que todo el que la vea no muera, sino para que viva.

¿Son las imágenes ídolos? Si son usadas para suplantar a Dios, la respuesta es "sí". Si son usadas para representar a Dios, la respuesta es "no". Por lo tanto, toda imagen que tome el lugar de Dios, es un ídolo y por lo tanto, maldecida por Dios. Pero toda imagen que represente a Dios, esta de acuerdo con la voluntad de Dios y, por lo tanto, es bendecida por Dios.

Algo interesante sobre este pasaje bíblico es que Dios usa el símbolo de la serpiente para traer sanación a los que la miraban. Las serpientes eran las que estaban picando y matando al pueblo. sin embargo, Dios va a levantar a una serpiente y va a permitir que la pongas sobre un palo para que el que la vea no muera, sino que viva.

La Biblia, nos dice que Jesús se hizo uno como nosotros para salvarnos. La serpiente colgada en el Libro de Números, en el Antiguo Testamento, es un símbolo de Jesús que se hace hombre como nosotros, pero que lejos de llevarnos al abismo de la muerte y del infierno, como hacen muchos hombres al contagiarnos con sus pecados, Jesús cuelga de un madero para que todo el que lo mire, es decir, todo el que crea en El no muera, sino tenga vida y salvación eterna. (Juan 3, 16)

Es por eso que, aún en el presente, el símbolo de muchos médicos y de muchos hospitales es la serpiente, alrededor de un palo. Es el símbolo que representa a la vida. La vida que Dios da a través de los médicos que continúan, en alguna forma, la misión del médico divino que es Jesucristo.

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Los católicos adoran a María

¿Es esto cierto o no? ¡Por supuesto que no! La Iglesia Católica dice que la Santísima Virgen María es digna de veneración y, sobre todo, digna de ser imitada, pero jamás la Iglesia ha dicho que María es Dios.

Nunca, en sus más de 2,000 años de existencia, la Iglesia Católica ha enseñado que la Virgen María es Dios o igual a Dios. La Iglesia enseña que María es una criatura igual que cualquiera de nosotros. Una mujer de carne y hueso que tuvo problemas, necesidades y aún tentaciones como las hemos podido tener cualquiera de nosotros.

Una señora un día me dijo: "Yo a María no le rezo porque ella es igual que todos nosotros los humanos". Tenía razón la señora. María es igual que nosotros, ya que esta hecha del mismo barro que todos los demás seres humanos.

Sin embargo, María es también muy diferente a todos y cada uno de nosotros porque, de entre todos los seres humanos, María es la única escogida por Dios para recibir, por primera vez, a Jesucristo, el Salvador del Mundo.

María es la "amada y favorecida de Dios" (Lucas 1, 28), la llena de gracia. Es la que está llena de la vida de Dios por la relación tan estrecha que tiene con su creador.

La relación de María con Dios es tan estrecha que María no quiere hacer otra cosa, sino lo que Dios quiera para ella. Tanto es así, que cuando el Angel Gabrielle expone que va a quedar embarazada por obra del Espíritu Santo, María, aunque no entiende, dice: "Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho." (Lucas 1, 38)

Hay una gran diferencia entre adorar y venerar. Adoramos sólo a Dios. Es decir, reconocemos que Dios es uno solo. Adorar significa dar a Dios el lugar de Dios. La Iglesia da el lugar que le corresponde a Dios, enseñando que Dios hay uno sólo.

La Iglesia invita a los creyentes a venerar a María. Es decir, a respetarla, a tenerla en un lugar muy especial en el corazón de todos y cada uno de nosotros. El venerar a alguien significa poner a esa persona en un lugar muy especial en nuestro corazón, pero siempre por debajo de Dios. Una persona puede venerar a sus padres, por ejemplo. Puede venerar a un maestro o a alguien cuya vida es digna de imitar.

La Iglesia nos enseña que María es digna de imitar. Hay muchas personas que piensan en María sólo para pedir su intercesión. La Iglesia nos enseña que María intercede como madre que es nuestra, ante su hijo Jesucristo, en la misma forma en que ella intercedió ante su hijo en las Bodas de Caná, cuando se acabó el vino. (Juan 2, 1-11)

Sin embargo, la Iglesia nos pide, por sobre todo, que tratemos de imitar el ejemplo que María nos da: ejemplo de fidelidad y de amor a Dios.

María fue una persona fiel a Dios. Ella pudo haber desobedecido a Dios. Ella pudo haber desconfiado de Dios. Ella pudo haberle dicho no a Dios. Pero María es fiel. Por lo tanto, aunque no entiende lo que Dios le pide a través del ángel, María le dice "sí" a Dios. El mismo "sí" que le ha dicho siempre y el mismo "sí" que le dirá siempre.

"Yo soy la servidora (la esclava) del Señor; hágase en mí lo que has dicho." (Lucas 1, 38)

Hay tres momentos en la vida de María que son especialmente dignos de imitar:

 

1. MARIA MIRANDO A JESUS RECIEN NACIDO

Los ojos de María, no cabe duda, estaban fijos en Jesús, cuando ella lo tiene entre sus brazos. María clava su mirada en ese niño que es su hijo, pero que también es su Señor y su Dios.

Una persona un día me pregunto: "¿Qué puedo hacer para dejar de pecar?" La respuesta es simple: fija tus ojos en Jesús y no en eso que te hace pecar.

En el evangelio de San Mateo, capítulo 14, la palabra de Dios nos habla de Pedro, hundiéndose en el Mar de Galilea. Mientras Pedro tenía sus ojos fijos en lo que lo quería destruir, Pedro se hundía. No fue hasta que Pedro levanta sus ojos y comienza a fijarlos en Jesucristo, que Pedro comienza a experimentar que es el mismo Jesús quien lo levanta del torbellino en que se encuentra y Pedro comienza a hundirse, pero ya no en el problema que amenaza con destruirlo, sino que en los amorosos y poderosos brazos de Jesucristo. (Mateo 14, 22-31)

Que diferentes fueran nuestras vidas, que diferente serían nuestras comunidades, que diferente sería el mundo, si nosotros los que nos llamamos cristianos, imitando a María, pudiéramos poner de una vez por todas, nuestros ojos bien fijos en Jesús.

 

2. MARIA BUSCANDO A JESUS HASTA QUE LO ENCUENTRA

Nos dice la palabra de Dios, la Biblia, que la mujer más santa de la tierra, la amada y favorecida por Dios; pierde de vista a Jesús.

La Iglesia enseña que han existido dos personas en el mundo que nunca cometieron pecado: uno es Jesucristo y la otra es la Virgen María. Bajo ningún concepto la Iglesia aquí esta tratando de decir que Jesús y la Virgen María eran iguales. Lo que si la iglesia enseña es que María estaba tan llena, tan invadida de la vida de Dios, que la vida de ella fue una vida de obediencia total y completa a la santa voluntad de Dios. La Iglesia enseña que lo que María le dice al ángel: "He aquí la servidora (la esclava) del Señor" es lo que María vive desde que se levanta hasta que se acuesta.

María vive para Dios y para nadie más. María vive para hacer la voluntad de Dios y de nadie más. Los esclavos en el tiempo de Jesús no tenían voluntad propia. Ellos hacían lo que sus amos querían, a cualquier hora y en cualquier circunstancia. Los esclavos vivían para hacer la voluntad de su Señor.

Así es María, ella vive para hacer la voluntad de su Señor. Ella vive para hacer la voluntad de Dios. Pero aún la mujer más santa, la mujer más llena de Dios; la mujer que no conoció pecado, experimenta en su ser la consecuencia del pecado: María pierde de vista a Dios. ¡María pierde de vista a Jesús!

Nos dice la palabra de Dios, la Biblia, que en un momento dado, cuando regresaban de Jerusalén, María se da cuenta que Jesús no va con ellos. ¿Se imaginan ustedes? ¿Qué haría usted si su hijo o su hija se pierde? No buscaría por todas partes y seguiría buscando, no importa el tiempo que se tomara en buscar, hasta que por fin encontrara a ése que es objeto de su búsqueda?

Así hace María. Busca y sigue buscando, y no se cansa de buscar hasta que encuentra a Jesús. Que alegría tiene que haber sentido esa madre al haber encontrado a su hijo nuevamente. María, tal vez no entiende por que lo perdió. María sólo sabe una cosa y eso es lo que importa; ¡María ha encontrado a Jesús! Nos dice la palabra de Dios, la Biblia, que María regresa a casa, pero ya no sola. María regresa con Jesús. (Lucas 2, 41-52)

La lección que nos enseña María en este momento de su vida es valiosísima. Muchas veces nosotros también, por nuestro descuido, vamos a perder de vista a Jesús. ¿Qué hacer cuando nos damos cuenta de que no estamos cerca de Jesús? ¿Qué hacer cuando nos sentimos vacíos o áridos por dentro? ¿Qué hacer cuando tal parece que Dios nos ha abandonado? ¿Qué hacer cuando sentimos ausencia de Dios?

María nos da la respuesta: busca a Jesús. "Busca a Jesús", diría María. "Y no dejes de buscarlo hasta que lo encuentres. Y cuando lo encuentres asegúrate que lo llevas a tu casa. Que sigues poniendo tus ojos fijamente en él para que Jesús cada día pueda morar en la casa de tu corazón. "

Hay personas que dicen que lo único que hay que hacer para salvarse es confesar a Jesucristo como Señor y Salvador. Esa conclusión la sacan de la Carta de San Pablo a los romanos, quien dice:

"Porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo." (Romanos 10, 9)

Sin embargo, el confesar a Jesús como Señor y Salvador no es el final de la carrera que tenemos que correr como cristianos, sino que es el principio. Es decir, es lo primero que tenemos que hacer para, de verdad, empezar a caminar en el camino de la salvación.

La salvación es un regalo que Dios nos da. Nadie es merecedor de ella. Dios quiere salvarnos porque nos ama. Es tan simple como eso. Aceptar a Jesús como Señor y Salvador significa que acepto vivir como Jesús me pide.

 

3. MARIA ESTA AL PIE DE LA CRUZ

Hay momentos gozosos de mi vida, sino también en los momentos de dolor, en los momentos de tragedia, en los momentos en que siento que todos, aun Dios, se han olvidado de mí.

Ese es el ejemplo que María nos da, en el momento en que ella se encuentra al pie de la cruz. Ahí estaba su único hijo: Jesucristo. Todos sus amigos lo habían dejado, aun Pedro, a quien le diera las "llaves" del reino. De sus amigos, sólo estaba Juan, el amado. Juan a

quien Jesús le dijo: "Hijo, ahí tienes a tu madre"

Jesús no tenía otros hermanos, como dicen. Si Jesús hubiera tenido otros hermanos,

¿por qué Jesús le entrega su madre a Juan? ¿Saben por qué? Porque no existía ningún hermano que la cuidara. María hubiera quedado sola si no hubiera sido por Juan.

¿Se imaginan? La sierva de Dios, la favorecida de Dios, Madre de Dios, por ser Madre de Jesús, que es Dios, y sin embargo, ahora María contempla a su hijo clavado en una cruz y no puede hacer nada para ayudarlo. Ahora María contempla la injusticia del mundo y no puede hacer nada para cambiar esa situación tan dolorosa. María se siente sola, abandonada, crucificada en su dolor de madre al pie de la cruz de su hijo Jesús.

María pudo haberse encarado contra Dios: "Dios, si de verdad existes, ayúdame en este momento de dolor". Pero los labios de María no se abren y, si acaso se abren no es para otra cosa sino para pronunciar las mismas palabras que le dijera al ángel Gabriel:

"He aquí la servidora (la esclava) del Señor, que se haga en mi según su voluntad."

Jesús un día dijo: "El que se mantenga firme hasta el fin, ese se salvará".

Mantenerse firme hasta el fin es no sólo aceptar a Jesús un día o un momento, sino permanecer al pie de la cruz todos los días y todos los momentos de nuestra vida. Mantenerse firme hasta el fin es abrazar la cruz, no por un día ni por un momento, sino todos los días y en todo momento para ir en pos de ese a quien proclamamos Señor, cuyo nombre es Jesús. Mantenerse firme hasta el final es tener la disposición y la actitud de María, la cual se hizo nada para que Jesucristo, para que Dios, fuera todo en ella.

Los católicos no adoramos a María. La veneramos y tratamos de imitarla para que imitándola nos podamos parecer más a su hijo Jesucristo.

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La confesión con un sacerdote es un invento de hombre

¿Es esto cierto o no? ¡Por supuesto que no! Yo me pregunto: ¿acaso los que dicen esto no habrán leído bien la Biblia? Y si la han leído bien, ¿no se han dado cuenta de que el confesarse a un sacerdote es voluntad del mismo Jesucristo?

En el Evangelio de San Mateo, capítulo nueve, la Biblia nos dice que undía le trajeron a Jesús un hombre paralítico. Jesús le dijo:

"Hijo, ten confianza. Tus pecados te quedan perdonados". (Mateo 9, 2)

El acto de perdonar que hace Jesús con el paralítico es lo que el mismo Jesús quiere que sus apóstoles y sus sucesores continúen haciendo hasta el fin de los tiempos.

La Biblia nos dice que Jesús le da a Pedro autoridad para perdonar pecados al decirle: "Yo te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos." (Mateo 16, 19)

Esa autoridad que Jesús le da a Pedro, como cabeza visible de la Iglesia de Jesucristo, también se la va a dar a los demás apóstoles, para que ellos al igual que Pedro puedan perdonar y reconciliar a los que, por el pecado, se han apartado de Dios y de la Iglesia.

Jesús resucita el primer día de la semana. De acuerdo a la Biblia, el primer día de la semana es el día después del sábado, es decir, el domingo.

Es el día domingo, después de haber resucitado que Jesús va al lugar donde se encuentran sus discípulos, los cuales estaban a puertas cerradas, nos dice la Biblia, por miedo a los judíos. (Juan 20, 19)

Son precisamente, aquellos hombres débiles y de poca fe a los que Jesús ha escogido para que, en su nombre, continúen perdonando los pecados de la humanidad y reconciliando al ser humano entre sí y con Dios.

Jesús les dice: "Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados y a quienes no liberen de sus pecados queden atados." (Juan 20, 22-23)

Esta autoridad se la da Jesús, no sólo a sus primeros discípulos, sino a los obispos y sacerdotes los cuales, a lo largo de la historia, en el nombre de Jesús continuarán la misión liberadora que él mismo comenzó aquí en la tierra.

Jesús sabía que pronto él ascendería ante la presencia del Padre. Es por eso que da poder a sus discípulos para que ellos y a los que ellos escojan a través de los tiempos, continúen hasta el fin de los tiempos la misión que Jesús le encomienda a los primeros. La misión de unir a toda la humanidad con Dios la misión liberadora que Jesús comenzara con las palabras: "Yo te perdono".

¿Por qué a tantas personas les disgusta confesarse? San Agustín decía que la razón es porque Satanás nos quita la vergüenza cuando vamos a pecar y nos pone la vergüenza para no confesar lo que hicimos por no tener vergüenza.

Tal vez sea por eso que buscamos cualquier pretexto, incluso el decir que la confesión es invento de hombres

para hacer lo que nos da la gana y no lo que, en verdad, Dios quiere.

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No es de Dios que los sacerdotes NO se casen

¿Es esto cierto o no? ¡Por supuesto que no! Es muy de Dios que los sacerdotes sean célibes. Es decir, que no se casen. ¿Acaso los que hacen esta crítica no conocen la Biblia suficientemente como para haber leído lo que dice San Pablo sobre la virginidad?

¿Qué dice San Pablo sobre el celibato o la virginidad? San Pablo dice:

"Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre sin casar se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Al contrario, el que está casado, se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido. Así también la mujer sin marido y la joven sin casar, se preocupan del servicio del Señor, y le consagran su cuerpo y su espíritu. Al contrario, la casada se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposo. Esto lo digo para su provecho; no quiero ponerles trampas sino llevarlos a una vida mas noble, y que estén unidos al Señor enteramente" (I Corintios 7, 25, 32-35).

En referencia al celibato, es decir, al que los hombres no se casen para de esa forma poder servir mejor a Dios, nuestro Señor Jesucristo un día dijo:

"Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que por amor al reino de los cielos han descartado la posibilidad de casarse. ¡Entienda el que pueda! (Mateo 19, 12).

Si bien es cierto que el plan de Dios es que no estemos solos, sino que tengamos un compañero o una compañera, (Génesis 2, 18) también es muy cierto que Dios ha escogido a los que él así ha dispuesto para que, consagrando sus cuerpos a él completamente, le puedan servir sin estar divididos entre el servicio al Señor y el matrimonio.

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En la misa matan a Jesús y lo ofrecen como sacrificio

¿Es esto cierto o no? ¡Absurdo! La Iglesia enseña que la misa es dos cosas en una: 1) La representación del sacrificio de Jesús en la cruz, 2) la representación de la Ultima Cena.

Cuando la Iglesia habla de "representación" se refiere a acciones de Jesús que se hacen presentes a nosotros.

Entendamos bien esto: en Dios no hay pasado ni hay futuro ya que Dios es el eterno presente. Cuando Moisés le pregunta a Dios cual es su nombre, Dios le dice: "Yo Soy", es decir: "Yahvé" (Éxodo 3, 14)

El nombre: "Yo Soy" significa que Dios es desde siempre y será para siempre. Más aún, que Dios no está dentro del tiempo como estamos nosotros. Dios es, por lo tanto, el eterno presente. Para él, lo que sucedió hace miles de años está sucediendo en este preciso momento.

Esto significa que el sacrificio de Jesús, que aconteció en el calvario hace mas de 2,000 años, está, para Dios, sucediendo en el preciso instante en que se celebra la misa. ¿Por qué? Porque lo que pasa en el pasado para Dios está pasando en el presente. Dios es el eterno presente.

Cuando el sacerdote celebra la santa misa no está ofreciendo un sacrificio nuevo. Está ofreciendo al Padre el mismo sacrificio de Jesús en el calvario.

Sacrificio que fue de una vez por todas ( Hebreos 10, 11-12) pero sacrificio que se sigue haciendo presente y se seguirá haciendo presente, como está presente y estará por siempre presente el mismo Dios.

Jesús se hace presente, porque él está en el presente la Ultima Cena en que él mismo comparte su Cuerpo y su Sangre con sus discípulos. En la última Cena Jesús, tomando pan y bendiciéndolo, dijo a sus apóstoles: "Esto es mi cuerpo, el que es entregado por ustedes." (Lucas 22, 19) inmediatamente después les dice: "Hagan esto en memoria mía". (Lucas 22, 19)

Jesús exhorta a sus discípulos a seguir celebrando esa cena como él lo ha hecho con ellos. Cada vez que celebren esa cena harán presente el momento en que el mismo Jesús les dio de comer su cuerpo y de beber su sangre. Acción que se hará presente hasta el fin de los tiempos, ya que Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.

Que quede bien claro, por lo tanto, que la misa no es un sacrificio más, ni un banquete más; sino que es el mismo sacrificio de Jesús en la cruz y es la misma Ultima Cena que Jesús celebrara con sus discípulos. Todos unidos en ése que esta fuera del tiempo que es Dios.

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El Pan de la comunidad no es el cuerpo de Cristo

¿Es esto cierto o no? El pan que recibimos en la Santa Comunión es definitivamente el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, siempre y cuando el pan haya sido consagrado por un sacerdote que tiene las facultades para así hacerlo.

Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo."(Juan 6, 51)

La Biblia nos dice que Jesús continuó diciendo: "Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él." (Juan 6, 55-56)

Nos dice la Biblia que muchos de los que habían seguido a Jesús, cuando lo escucharon hablar de esa manera se perturbaron mucho (Juan 6, 60), ya que en el libro de Levítico, capítulo tres, Dios prohíbe que se coma grasa o se tome sangre.

"Toda la grasa pertenece a Yahvé. Este es un decreto perpetuo de generación en generación, donde quiera que vivan. No comerán grasa ni sangre". (Levítico 3, 17)

La sangre y la grasa eran cualidades que le pertenecían a Dios, por ser elementos vitales para la vida. Jesús les va a decir a través de sus palabras a todos lo que lo quieran escuchar: "De ahora en adelante, el elemento vital para que ustedes tengan vida soy yo" . Más aún, Jesús dice que tenemos que comerle a él para tener vida eterna.

Muchos discípulos que lo estaban escuchando sintieron que lo que Jesús les decía era muy difícil de aceptar. Para ellos, Jesús no estaba hablando en forma simbólica cuando les decía que tenían que beber su sangre y comer su carne.

Tan difícil fue para ellos aceptar lo que Jesús les pedía que, dice la Biblia, "a partir de este momento, muchos de sus discípulos dieron un paso atrás y dejaron de seguirlo. Jesús preguntó a los doce:

"¿Quieren dejarme también ustedes? Pedro contestó: Señor, ¿a quién iríamos? Tu tienes palabras de vida eterna." (Juan 6, 66-67)

Cada vez que nos acercamos a recibir la Santa Comunión estamos recibiendo, no un símbolo del cuerpo y de la sangre de Jesús, sino la misma carne y la misma sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Es por eso que cuando nos acercamos a recibir la Santa Comunión debemos de estar seguros de que estamos en gracia de Dios, es decir, sin pecados serios en nuestra alma.

San Pablo, que entendía muy bien que al comulgar estamos recibiendo al mismo Jesús, nos advierte aconsejándonos la debida preparación, al decirnos:

"Si alguien come el pan y bebe de la copa del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor." (1 Corintios 11, 27)

¿Escucharon bien lo que dice San Pablo? Si alguien come el pan y bebe de la copa del Señor indignamente, peca. Si lo que recibiéramos en la comunión fuera solo un símbolo, aunque estuviéramos en pecado mortal, no pecaríamos, porque eso que recibimos es solo un pedazo de pan y un poco de vino.

Pero San Pablo dice que si comemos el pan y bebemos de la copa del Señor indignamente... ¿qué pasa? pecamos contra el cuerpo y la sangre del Señor. Pecamos contra el cuerpo y la sangre de Jesús. San Pablo creía que el pan consagrado y el vino consagrado es verdaderamente el cuerpo y la sangre de Jesús. ¡Que Dios nos de la fe necesaria para así creerlo!

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El rezarle a los Santos es idolatría

¿Es esto cierto o no? ¡Por supuesto que no! Primero que todo, hay que aclarar que cuando rezamos a un santo, no le estamos pidiendo a él o a ella que nos resuelva el problema, sino que lo que en realidad estamos haciendo es pidiendo que esa persona que está tan cerca de Jesús le pida a El por nuestras necesidades.

Entre los seres humanos y Dios sólo hay un mediador y su nombre es Jesucristo. Sólo Jesús intercede entre nosotros y el Padre. Sin embargo, todo ser humano puede interceder por otro ante Jesús. Eso es muy bíblico.

La Biblia, en un sin número de pasajes, habla de la importancia de la oración de intersección. San Pablo, por ejemplo, en su Carta a los Efesios dice: "Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos." (Efesios 6,18)

Es San Pablo quien también pide a los creyentes que oren por él para que pueda hacer la misión que Dios le ha dado. San Pablo dice: "Ruegen también por mí, para que, cuando hable, se me den palabras para anunciar valientemente el misterio del evangelio." (Efesios 6, 19)

Las personas que critican a los católicos porque le piden a los santos que oren por ellos se olvidan estas mismas personas que ellos mismos también creen en el poder de la oración de intersección, ya que ellos le piden a sus ministros o miembros de sus comunidades que oren por sus necesidades particulares.

Si se le puede pedir a un ministro o a un miembro de una comunidad que ore por nuestras necesidades, cuantos más debemos pedir la intersección de aquellos que ya están en la presencia de Jesucristo y que por estar tan cerca del Señor tienen una íntima y estrecha relación con él.

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Los Católicos repiten palabras cuando orar

¿Es esto cierto o no? Por supuesto que es cierto. Cada vez que rezamos el "Padre Nuestro", la única oración que Jesús le enseñó a sus discípulos, estamos repitiendo las mismas palabras.

Hay quienes dicen que los católicos rezamos, porque repetimos palabras. Pero que lo que Jesús quiere que hagamos es orar, es decir, hablarle a Dios con palabras que salgan del corazón.

Primero que todo, quiero que quede bien claro que no hay diferencia entre rezar y orar. Ambas palabras significan la misma cosa: dialogar con Dios.

Como cada cual habla con Dios o dialoga con Dios, depende de cómo cada cual quiera hacerlo.

La Biblia nos dice que un día Jesús dijo: "Al orar no multipliquen las palabras, como hacen los paganos que piensan que por mucho hablar serán atendidos. Ustedes no recen de ese modo." (Mateo 6, 7-8)

Jesús no está en contra de la oración en que se dicen las mismas palabras. Lo que Jesús no quiere que hagan sus discípulos es orar delante de la gente, como hacían los fariseos, diciendo palabras sólo para que la gente se fijara en ellos. En vez de ellos orar para fijarse en Dios. El pecado de los fariseos, a quienes Jesús acusa, es el orgullo o la soberbia.

Jesús definitivamente está a favor de orar repitiendo las mismas palabras. Tanto así que en el Evangelio según San Mateo, la Biblia nos dice que Jesús dejó a sus discípulos "y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras." (Mateo 26, 44)

Si usted tiene preguntas sobre la fe católica y necesita respuestas, le sugerimos que lea nuestro libro: "Conozca primero su fe católica"

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